Las mujeres y la escritura / Liliana M. Ganimí

Dejé avanzar una interrogación; en algún sentido, un enigma producto de una observación. En el desarrollo de la civilización la escritura no tuvo el mismo lugar para hombres que para mujeres. Leer, escribir, relatar una historia, hacer una lectura, es decir, contar con la letra labrada para cada uno, no fue del mismo modo respecto del orden sexual.

Surgió este interés al ver en una película, inmersa en el mundo árabe, la existencia de una restricción: las mujeres no deben leer. Tal restricción estaba y está inserta -porque aún sigue vigente-, como una regla más, ordenando la relación entre los sexos, constituyendo el lazo, haciendo de guía en la trama social. Indagué y lo importante a destacar es que no hallé esta prohibición con formalización de Ley, sin embargo el cumplimiento tuvo y tiene rigor jurídico, tal como sucede con la Ley del Incesto.

La película a la que hago alusión se llama La fuente de las mujeres, está ambientada en siglos pretéritos. La prohibición se expresa en un diálogo. No obstante, un matrimonio joven la sortea en la privacidad de la relación. El muchacho, que es docente escolar, lee, cada noche, a su mujer Las mil y una noches. Ella se entusiasma, aprende las reglas gramaticales, quiere incorporar el oficio de la palabra escrita para acceder a la lectura. Deseo inhabilitado.

En la historia de la Humanidad hay registro de hechos de escritura desde 10.000 años a.C.. En Medio Oriente se produjeron las primeras civilizaciones, surgieron alrededor de los valles de ríos que hicieron de base para el alimento y la comunicación. Los egipcios en el Valle del Nilo; la Meseta Babilónica se desplegó entre el Éufrates y el Tigris, y, los Helenos estuvieron rodeados de mar, al igual que en la India, China y Japón. De Persia hay constancias del lugar que ocupó la mujer en las diferentes actividades, de 700 años A. C.. Ellas ejercían posiciones civiles, comerciales, intelectuales y, si accedían a puestos de jerarquía y prestigio social, esto no era un hecho medido o referenciado respecto de los hombres.

El desarrollo cultural atraviesa quince siglos, sus transformaciones religiosas -incluida la musulmana- fueron motivo de expansión hasta llegar a nuevas formas, tanto en países como en continentes, modificándose la constitución dogmática de acuerdo a sus etnias. El único lazo que los continuó uniendo es el idioma árabe, de hecho es habitual utilizar ese término como una generalización cuando sólo comparten el uso de la lengua hablada.

A la cultura musulmana, con su extensión en diferentes países -que van desde Indonesia o la India, a Rusia y Marruecos, cada uno con su diversidad impresa- sólo los vincula la religiosidad de ese culto. Las distinciones religiosas son importantes, tienen mucho valor, cada grupo y subgrupo tiene su propia práctica que los enlaza. En las otras dos religiones monoteístas: cristianismo y judaísmo, aunque en menor proporción, también quedan enlazados en grupos por su práctica religiosa, en el conjunto todo hace a la composición social. Hechos, modos, que no favorecen lo que atañe a una función unificante en el sentido de una mayor colectivización.

La cultura japonesa fue delineada en trazos, puede apreciarse la modalidad de su escritura en El libro de la almohada y en la versión fílmica de Peter Greenaway, de 1995. A la autora de este último texto mencionado se la conoce con el nombre que le fue adjudicado al entrar al servicio de la Corte: Sei Shonagon, -esto fue de 990 al 1000-. No hay datos certeros de su vida, lo sobresaliente fue el valor de transmisión que produjo, registrado en ese Libro. Trabajó para la emperatriz Sadako y para otros de la Familia Real. La tradición, luego, la ubicó rival literaria y política de otra importante autora, la del Romance de Genji, Murasaki Shikibu.

El libro tiene en su letra el testimonio de un diario íntimo, por el caudal de su expresión y sensibilidad. Fue una exquisita intelectual escribiente de confidencias, emociones y comentarios del ámbito palaciego, que con un modo propio se ubicó pionera en la narrativa. Hecho que toma más relevancia por la aparición tardía de la literatura japonesa.

Hay una peculiaridad especial que me interesa distinguir de esta cultura japonesa. Es que las primeras obras fueron escritas por mujeres. Tenían el gusto de redactar sus pensamientos, ocurrencias, memorias y acertijos literarios. Tiempos en que el marco y el trato social era de camaradería entre hombres y mujeres.

Amalia Sato tradujo y prologó ese libro. De sus investigaciones se extraen las principales características que cernieron, en el traslado de la China, la función de la escritura fonética en Japón:

1) las mujeres participaron de la gestación (hiragana) a partir de la estilización de los ideogramas chinos;

2) ya eran letradas de ese tipo de escritura, y compartían epistolarios (intercambio de un conjunto de cartas) y diarios con hombres;

3) sin embargo, no accedían al legado ocurrido del estudio de la lengua escrita, eso estaba reservado para hombres.

Por eso cuando se la aborda y se habla de ella se la llama escritura femenina (onnade/mano de mujer), si se trata de la escritura fonética, la propia del Japón.

Entre los siglos V y IX d. C., los brahmanes fueron trasladando el sánscrito de India y China. Los textos que aún hoy se conservan fueron transmitidos oralmente (con métrica y ritmo nemotécnicos). Durante siglos influyeron en la gestación del fonetismo en Japón, como dije antes, a partir de la transmisión oral en las mujeres. No obstante, en los círculos de lectura de los libros sagrados budistas las mujeres participaban sólo como oyentes. La escritura formal en la India, ya no en sánscrito, ocurrió después a la del Japón, en el medioevo. Este proceso de transmisión no se correspondió con el producido en la cultura árabe. Aquello que fue de tanto esplendor para la mujer de Persia se perdió y con ello su acceso a la escritura. Coinciden en descontar o no poner en relación, la escritura con la mujer. Se lo intenta explicar, fundamentar, justificar, se tejen versiones diversas con argumentos políticos, económicos o religiosos-culturales. Una fue la que me dijo el Agregado Cultural de la Mezquita Musulmana: No existen en El Corán tales restricciones, sino lo contrario, Mahoma honró escribiendo sobre ellas en ese libro sagrado indicando los cuidados que debían recibir.

Otra vía argumental sólida: hay artículos que citan el aprovechamiento surgido por el interés de parte de E.E.U.U. en la economía de estos países, que alentó generando fundamentalismo y enfrentamientos, siendo que en la antigüedad nunca habrían existido por su propia estructura histórica. Es para destacar el hecho de encontrar en esos antecedentes comentados, la mixtura social, religiosa y étnica, tiempos en que compartían además territorios y asuntos de su comunidad. Ya no, se perdieron las formas conjuntas que los mantenían haciendo su modo de enlace. El Islamismo niega esta determinación, sin embargo está presente, se la practica como conocemos que ocurre. Hay algo que la sostiene en el lazo social, con más o menos acuerdo y con más o menos aprovechamiento de los ajenos a sus comunidades. Se lo puede ver, hasta en películas.

Este recorrido es breve respecto a la magnitud, tanto por el tiempo transcurrido como por la complejidad de los diversos procesos que llevó el labrado de la lengua en cada proceso de culturización. Algunas se aunaron, no obstante las diferencias oposicionales; la afinidad las construyó. Otras, continúan ramificadas siendo constantemente alentadas por la controversia y la adversidad, tomando apoyo en la cantidad de diferencias étnicas y religiosas, de hecho milenarias.

Se pueden tomar estas circunstancias y pensar cómo operó la función paterna en cada práctica religiosa, hecha con intensidad y consistencia en hábitos y costumbres que operan como condición y exclusión en una comunidad de lazo. Forzando un poco más las cosas, es posible preguntar sobre la ley del significante en la lengua de los hablantes de estas geografía: ¿cómo opera lo femenino?, ¿fue un efecto excluir a las mujeres de la escritura? Y, si lo fue: ¿efecto de qué? Finalmente es posible preguntarse también, ya que la mujer lleva en sí su propia complejidad como tal: ¿Qué ocurre o ocurrió en ella?

En principio podría decirse que su situación fue y es aprovechable en esas topografías, ya que es visible que su topología no fue ni es tenida en cuenta.

El problema es que la mujer tuvo y tiene vedado el acceso a la escritura, más precisamente: le fue vedado hablar, su expresión fue INTERDICTA.

Interdicta con fundamento de Ley, aunque no formalizada, sólo entre-dicha; nos consta el enorme poder, eficacia, y alcance máximo que tuvo y tiene. ¿Qué hay en la interioridad de esta interdicción? ¿De qué está hecha? ¿Qué es lo que está interdicto?

Una distinción que aporta el diccionario: son y no son sinónimos prohibición e interdicción, ambos indican restricción pero se inscriben diferente. Interdicto es un término que, independiente de su aplicación, pone en relación el y al cuerpo. Jurídicamente implica o supone si es libre un cuerpo o no lo es,  es la base del Habeas Corpus, quiere decir que tengas tu cuerpo, del latín. La prohibición tiene carácter de dictamen, algo NO debe hacerse, a tal punto que el término no lleva desarrollo explicativo sino ejemplos que muestran directamente: “NO DEBE HABER CUERPO”.

El artículo que escribió Anabel Salafia para la revista Lalengua: La doble represión de la mujer y lalangue (2014), me orientó a bosquejar alguna parte del problema con más precisión.

“No se trata de saber si la Mujer es reprimida, sino (de saber) si lo es en tanto tal”. “La Mujer es algo de lo que no sabemos nada, pero ella es reprimida en su esencia”[i]. Salafia dice del término esencia que allí femineidad parece implicar un sin marca o rasgo que la concierna, precisamente a la identificación de femineidad en lo que respecta al goce femenino. Lo que no impide que exista un Ideal de su sexo a partir del cual pueda hacer signo al otro del Otro sexo, en tanto mascarada. Entonces, hay un elemento para la lectura del problema planteado en este recorrido que se contextúa en la esencia de la mujer en su referencia a la femineidad desde el cuadro de la sexuación.

Se desprende que hay una complejidad: ¿cómo se constituyó, qué implica en la estructura? ¿De qué está hecha esa complejidad?

Respecto de la inscripción atribuida a la mujer, cómo es pensada su falta y respecto de qué, Lacan dice que el representante de la representación de la mujer está perdido, recuperado en algo, pero ese algo es objeto de una Negación o Verneinung: se le atribuye no tener algo, que no se sabe por qué habría que tener. Atribución que inmediatamente llama a ubicar una falta en aquello que debería haber tenido pero no está, no tiene algo, le falta donde en realidad no le falta nada. Esto conlleva otra cuestión respecto de la lógica del falo, otro costado de esta complejidad.

Para seguir tomando noción de la hechura de este asunto, en la clase citada del Seminario De un Otro al otro, Lacan dice, respecto de la función de la Represión: “La Mujer es reprimida por los hombres y por las mujeres, así la mujer es doblemente reprimida”. En esa duplicación de la represión se articula la falta: represión y renegación, otra operación de inscripción estructural, es “reprimida por ella misma, para sí misma, con respecto a las otras mujeres y por los hombres”.

Cómo leer las fórmulas de la sexuación, qué cuestiones se abren, qué relaciones hay entre el lenguaje y la lengua, Lacan dice: “El lenguaje es una elucubración de saber sobre la lengua”. Anabel Salafia en una aclaración dice que: “Lalangue es precisamente lo que podemos considerar la diferencia entre lenguaje y la lengua, queda así del lado femenino del cuadro de la sexuación (el derecho). Es decir, que esa diferencia entre lenguaje y lengua se escribe con el artículo definido LA con una barra que lo cruza, tenemos que leerlo como: LA mujer No Toda, está barrada a partir de esa operación que se desprende entre el lenguaje y la lengua. Se constituye la mujer como una especie de ser de la lengua.

Para finalizar cito dos puntos de ese artículo que tienen relación con el recorrido hecho, en tanto remiten a la dimensión en la cultura.

En uno están las consecuencias en aquello que hace lazo en lo social: “en la segregación social o de cualquier otro orden, podría ser hasta en el lazo familiar, lo que atañe a la raza, la religión, la política, y en todas las versiones del totalitarismo, siendo que en todos los casos, su razón es la duplicidad de la represión de la mujer como tal”.

En este punto también tiene que ver con el lazo, en otro nivel forma parte del nudo del problema, son los efectos del lenguaje, en el lugar que nacemos, en el modo de hablar que hace familia, hasta lo imperceptible como sonidos, rastros lenguajeros que solo los que están ahí identifican Es aquello que enlaza a alguien con algo, de esa estofa está hecha la Lalangue, y con eso las Formaciones del Inconsciente y el Sínthoma. El parlëtre, el hablante, habla con Lalangue, dice Lacan, entonces Lalangue y el deseo se entraman.

En el goce por hablar, fálico, se ve su inevitable relación a Lalangue, está desde antes de que hablemos, está ahí a la espera de lo que podamos hablar o no, y si no se puede hablar, por su lógica no se podrá gozar. En Lalangue se articula así sexualidad, inconsciente y deseo. Está presente en un exceso como en una falta. No es posible si no se habla que la palabra tome efectos de proyección o dimensión, que haya espacio y tiempo; es lo que remite al carácter sexual que conlleva cuando es dicha, por estar hecha con eso, y de eso.

Es interesante, después de haber recortado problemas, volver a la película. El asunto principal del guión sitúa qué ocurre a partir de una necesidad tan extrema como es la del agua y de una contingencia, la llegada de una extraña a un clan a partir del casamiento con un joven, maestro en esta comunidad. Surgen muchos inconvenientes y también estrategias de cómo solucionarlos. Las mujeres toman de su parte resolver la falta de ese algo que le es tan necesario tanto a mujeres como a hombres.

Con diferentes connotaciones el carácter sexual está señalado en la trama misma de este film. Freud dice: sexualidad y muerte, presente. Así es que esta significación, con esa resonancia en otro campo, está en el lenguaje, se hace legible en esta película como en otras, no podría no estar ese eco en el lazo que nos concierne, a como se ‘presente’.

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