Algunas consideraciones acerca de la función del psicoanalista en las instituciones asistenciales / Graciela Frecha

El hospital es uno de los trayectos propuestos por Freud para transitar. Cabe una pregunta ¿Cómo pensar la práctica del psicoanálisis allí, siendo que la concepción de salud que sustentan las instituciones asistenciales la conciben tanto como la restauración de un equilibrio perdido, como a su vez ordenada a una empresa mundial de productividad? (1)
La gratuidad en los servicios, la promoción de soluciones en un tiempo breve, en función de un ideal de felicidad para la mayoría, son coordenadas que no dejan de incidir en los tratamientos que allí conducimos. Demandas médicas, jurídicas, sociales son las que se nos dirige.
Sin pretender ser exhaustivos, estos obstáculos con los que nos encontramos a diario, dan lugar a reflexiones acerca de la función y práctica del psicoanalista en las instituciones asistenciales.
Quizás sea necesario volver a textos freudianos, no sólo buscando respuestas, sino porque la lectura de sus textos nos permite reformular preguntas que orienten nuestra práctica hoy. Quisiera hacer referencia a uno de ellos “Los caminos de la terapia analítica”, donde Freud expresa un anhelo y que hoy a 82 años de su redacción mantiene plena vigencia. Se trata de una conferencia pronunciada por Freud en el 5º Congreso de Budapest: “Quisiera examinar con vosotros una situación que pertenece al futuro, y que acaso parezca fantástica. Sabéis muy bien que nuestra acción terapéutica es harto restringida. Frente a la magnitud de la miseria neurótica que posee el mundo, nuestro rendimiento terapéutico es cuantitativamente insignificante.”
“Supongamos que una organización cualquiera nos permita aumentar de tal modo nuestro número que seamos bastantes para tratar grandes cantidades de enfermos.
Es de prever que se despertará alguna vez la conciencia en la sociedad y se advertirá que todos tienen derecho al auxilio del psicoterapeuta como al del cirujano.”
“Se crearán entonces Instituciones Médicas en las que habrá analistas, el tratamiento sería naturalmente gratis.”
“Se nos plantearía entonces la labor de adoptar nuevas técnicas a las nuevas condiciones.”
“Pero cualquiera sea la estructura y la composición de esta psicoterapia, sus elementos más importantes y eficaces continuarán siendo, desde luego, los tomados del psicoanálisis propiamente dicho, riguroso y libre de toda tendencia”
Vemos aquí como Freud incluye cuestiones de orden práctico: una extensión cualitativa del rendimiento terapéutico a mayores sectores de la población y las posibles adaptaciones de la técnica a las nuevas condiciones que la práctica misma impone. Pero en este progreso del tratamiento de los enfermos como posible, señala una dirección que es de orden ético. (2) Es decir, la eficacia de esta práctica supone para Freud una ética que es la del psicoanálisis.
Ahora bien, desde Freud y continuando con Lacan, la ética del psicoanálisis considera el sufrimiento de un sujeto, a condición de no desentender al sujeto de la responsabilidad que le cabe frente a su deseo. Lacan en el Seminario de la Ética va a decir que el único bien del sujeto es el que le sirve para pagar el precio del acceso al deseo.
Freud inventa el psicoanálisis como un lazo social inédito.
Descubre con la transferencia al sujeto del inconsciente, es más, descubre que sin ella el sujeto no podría aparecer.
Descubre que es por la vía de la palabra que un sujeto dirige a un otro que el inconsciente se pone en acto, que toma forma en el mismo acto de hablar.
Que este saber inconsciente que aparece en los lapsus, en los fallidos, en los sueños, en el síntoma, se escriben con letras que esperan a otro para ser leídas.
Que estas letras con las que se escribe el saber inconsciente, tienen por su lazo al cuerpo, cuando son descifradas un efecto terapéutico sobre el síntoma, diferente del de la sugestión.
Freud lo entendió desde un comienzo no sin una revisión continua a lo largo de toda su obra.
Lacan leyendo a Freud formaliza los cuatro discursos, señalando que es desde el discurso del analista que este opera.
Señala también Lacan que es desde la posición del que escucha que es posible el pasaje de un discurso a otro. Y que es en este pasaje mismo donde se articulan el tiempo de la transferencia, el del inconsciente, el de la repetición y el de la pulsión.
La transferencia lo es de un decir en relación a un semejante que haciendo semblante de objeto “a”, cause hablar.
El deseo del analista será el nombre que Lacan dará a esta función.
En cada consulta que recibimos los que trabajamos en hospitales, en instituciones asistenciales, se renueva la apuesta freudiana.
La ocasión de estos encuentros pueden ser variados y de acuerdo a las necesidades que la situación requiera: puede darse en un consultorio, en un banco del jardín del hospital cuando los consultorios faltan (cosa muy habitual en mi país) en una sala de guardia, en una sala general donde somos convocados, en un taller con pacientes psicóticos. Lo que quiero resaltar es que lo que les confiere su valor es la función que los mismos tienen: dar lugar a la palabra de un sujeto.
Lo particular del acto analítico es su operación en el lenguaje, a través de un corte, una escansión, una interpretación. El analista hace de su discurso un acto.
El analista se abstiene de prometer algún bienestar moral. Oferta escucha y se autoriza a intervenir desde la ética del deseo y el artificio de la transferencia.
La invitación es entonces a hablar y la apuesta es la de posibilitar que de un relato que muchas veces enuncia la alienación del sujeto a otro discurso, alguna puntuación permita hacer de ese relato un texto.
El deseo del analista produce el pasaje a discurso del relato al decir.
La ética del psicoanálisis es la ética del bien decir, y Lacan en el Seminario “Aún” dice que el analista es un rector, orienta lo dicho.
Se trate de la neurosis o de las psicosis, de la angustia o del pasaje al acto, no hay estrategia para intervenir que no implique ajustar las condiciones del discurso, es decir, distribución de lugares y la introducción de cierto juego de la temporalidad.
Para concluir, en mi experiencia, es posible un tratamiento analítico en una institución asistencial, si el acto del analista posibilita el viraje necesario al discurso analítico, lo que implica la salida del discurso institucional.
Este pasaje de un discurso a otro supone una rectificación subjetiva, de la consistencia del ser, a la división del sujeto, lo que va a permitir que el fantasma entre en su lógica y entonces la posibilidad de que el sujeto se relacione con su deseo.
El acto del analista, la interpretación, que se apoya en la función deseo del analista, que es un deseo de pura diferencia, compromete al analizante en las vías del discurso.
La demanda de análisis no es independiente de una posición del analista frente a su deseo.

1- M. Pujó ¿Tiempo es dinero? Psicoanálisis y el Hospital Nº 3 Bs.As. 1993
2- A. Benjamín El psicoanálisis y lo terapéutico. Psicoanálisis y el Hospital Nº 7 Bs. As 1995

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s