Presentaciones clínicas, estructuras y discursos / Por Alicia Russ

Cuando vi el título propuesto, la primera cuestión que me surgió fueron las presentaciones de enfermos de Lacan. Las presentaciones clínicas son una práctica hospitalaria, y que en lo que hace al psicoanálisis, Lacan la practicó como la presentación de enfermos, a lo largo de su transmisión, introduciendo interrogantes, planteos y cuestiones que conllevan a introducir algo disrruptivo en la quietud o fijeza de los cuadros clínicos en la práctica hospitalaria. Tratándose mayormente de pacientes psicóticos aquello que moviliza es cómo pensar cada vez, al sujeto en la psicosis y la relación del sujeto al lenguaje, y más específicamente a la palabra.

Pero además si se trata de estas presentaciones clínicas o de cómo las estructuras freudianas se presentan en la clínica, hay algo que bordea a todas ellas y que hace al orden de lo imposible en la práctica y en la transmisión. No se trata de que haya una falta que se recubre con más saber, sino a un saber en falta. Es decir, no se trata de que falte saber que algún día se obtendrá, sino que la falta inherente a la estructura de todo ser hablante, por el hecho de hablar, opera en relación al saber.

La enseñanza de Lacan no es superadora de sí misma, no es hegeliana en ese sentido, no se trata de la aspiración a un saber absoluto, sino que va complejizándose porque Lacan va tomando elementos de la lógica, la matemática, la topología, la lingüística, entre otros, para ir arrivando a precisiones más ajustadas. Esto que decía de que falte saber que algún día se obtendrá, es una promesa en la vía de que lo simbólico recubra lo real, de modo que lo imaginario sostenga gestálticamente al narcisismo. Tratar de cubrir la falta que tanto displace al yo. De esto se hace discurso, y vaya si no tiene éxito. Está al servicio del desconocimiento del yo, que se sostiene en el rechazo del inconsciente.

No es posible pensar la estructura ni el discurso en psicoanálisis,  sin relación a la falta, y en ese sentido en las dimensiones RSI. Y más aún, siendo el discurso del psicoanálisis el último en ser formalizado, es con él que podemos leer cómo opera la falta en los otros tres, y aún en el controversial discurso del capitalista entendido como la perversión del discurso amo, donde opera un rechazo radical de la falta.

Lo que orienta la práctica del psicoanálisis es lo real. Es como analista que se dirige la cura y como analizante, en tanto la transferencia es al discurso, que habla de su práctica. Dos lugares que no se recubren, ni se complementan, se articulan.

Es en ese sentido que el sujeto para el Discurso del analista sea el sujeto dividido, es poner a la falta en función, dividido entre saber y verdad. No hay recubrimiento posible, en tanto la verdad no puede ser dicha toda, siempre hay un medio decir de la verdad, no hay saber sobre la verdad, ni verdad del saber.

En el seminario de un Otro al otro Lacan plantea algo interesante para pensar, hasta inquietante, que es un discurso sin palabras, y que entiendo ubica que en tanto discurso su estructura va más allá de la palabra, no es sin ella pero va más allá tratándose de relaciones precisas y más allá del devenir propio de la misma. Tenemos que partir de la estructura mínima del par ordenado S1 – S2, y que en tanto somos seres hablantes y habitamos el lenguaje, el sujeto es efecto de que un significante lo represente ante otro, pero no de manera acabada, por tanto es el objeto a, el testimonio de esa falta de y en la representación. Estos cuatro términos establecen relaciones a las que se someten por la estructura lógica de los discursos.

Todo ser hablante lo es en tanto está en el lenguaje. Y todo ser hablante está afectado de inconsciente.

Cuando Lacan desarrolla lo que se conocerá como el álgebra lacaniana, la lógica lacaniana, se orientará a que se acote el sentido lo mejor que se pueda para seguir hablando dentro de coordenadas que permitan ajustar los conceptos.  Es decir, que más allá del grado de formalización que hagamos de la lengua, sólo hablando es posible la transmisión del psicoanálisis. No se analiza por fórmulas o por la topología.

Lo que entiendo constituye una resistencia para los psicoanalistas, es que al hacer entrar la lógica, la matemática o la topología, incluso diría también la lengua francesa o la alemana para quienes no la hablan, es que se tapona la vía del sentido. De modo que es con y a pesar incluso de la resistencia que se está en el discurso. Dice Lacan:Llego a eso tanto más fácilmente cuanto que no creo en absoluto en el sentido común. Hay sentido, pero no hay común. Probablemente no haya uno sólo entre ustedes que me entienda en el mismo sentido. Por otra parte, me esfuerzo para que el acceso de este sentido no sea demasiado cómodo, de modo que ustedes deban poner algo de su parte, lo que es una secreción saludable y algo terapéutica. Secreten el sentido con vigor y verán cuanto más cómoda se vuelve la vida! Es por eso que me di cuenta de la existencia del objeto a, del que cada uno de ustedes tiene el germen en potencia. Lo que hace su fuerza y al mismo tiempo, la fuerza de cada uno de ustedes en particular es que el objeto a es completamente ajeno a la cuestión del sentido. El, sentido es un pequeño garabato agregado a este objeto a con el cual cada uno de ustedes tiene su ligazón particular”.

Lacan precisa que cuando habla del lenguaje (porque dice (“Para empezar, digo que si hablo de lenguaje es porque) que se trata de rasgos comunes que se encuentran en la lengua. Y lalangue además de las variedades que por lógica presenta tb tiene constantes. Aunque se trate de lo avanzado de su enseñanza parece ser necesario que aclare nuevamente que “El lenguaje del que se trata, tal como me tomé el tiempo, la preocupación, la molestia y la paciencia de articularlo, es el lenguaje en el que se puede diferenciar al código del mensaje, entre otras cosas. Sin esta distinción mínima no hay lugar para la palabra”.

Hacer del inconsciente discurso, es en tanto el discurso del inconsciente como discurso amo. Lo primero que decimos cuando alguien viene a analizarse, es la regla fundamental, Hable, lo escucho. Se aloja la palabra en las dimensiones que tiene el decir, en las dit-mensiones, Hable con lo que está hecho en su decir, con los equívocos con los que el inconsciente hace al modo de hablar de cada quien. Se establece una práctica con la palabra, en la que ésta dice más de lo que dice en lo que dice. Con la política que le es propia al psicoanálisis que es la del síntoma, se trata de que hable con lo que no anda, con ese saber rechazado de la verdad que queda en los intersticios de lo que se dice.

Aquel  que habla tendrá que soportar no saber de qué va a hablar, es un encuentro con el trauma que implica el lenguaje. El sujeto no puede despojarse de su síntoma para hablar ya que hablar está hecho con el síntoma. El  análisis se orienta para que en lugar de que el síntoma sea el refugio para el sujeto, sea con lo que el sujeto pueda hacer. En Intervención sobre la transferencia lo dice Lacan tomando de Freud, la verdad está en lo que se dice, en tanto el inconsciente está en los entredichos o entrepalabras y no más allá.

Hable, lo escucho, es la fórmula mínima en la que el que escucha determina al que habla y el que habla siempre es el analizante. Pero el que escucha, el analista, va a ser hecho por el discurso del analizante, en tanto se deje tomar ahí. Hay pasajes para que esto se produzca, porque puede no producirse. No siempre el que viene está dispuesto a dejarse tomar por los efectos de su inconsciente. Al modo de Freud, hay ciertos efectos que no serían tolerados por el aparato.

El psicoanálisis entonces, hace surgir un nuevo lazo social, que no se trata de un diálogo o un acto comunicacional, pero no excluye que estos términos entren en un nuevo estatuto, en otra dimensión, la del discurso. El diálogo analítico, tiene la particularidad que sólo habla uno, el analizante, y en él el sujeto que en el ser hablante habita como efecto de la operación significante, el otro escucha y permite por operaciones propias del análisis que el sujeto advenga pulsión mediante con otra posición en relación a su deseo, y su modo de gozar. Es decir, en términos más teóricos, el goce devenga objeto a plus de gozar, que no es gozar más, sino que opere una resta que sume, y que por el análisis y la ronda de los discursos, en cada sesión y en el trayecto del análisis mismo, pueda pasar a ser causa de deseo.

El analista como término del inconsciente como función comandada por el deseo del analista hace hablar. Hace hablar quiere decir que da las coordenadas para que pueda operar la pulsión articulada con el significante para Que se diga, dirá Lacan. Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha. El transcurso del análisis permite poner en juego el Wo es war soll Ich werden. Quiere decir, pasar de ser hablado por el discurso del Otro, el del inconsciente, el discurso amo, a hablar contando con la falta en el decir.

El inconsciente es lo que irrumpe, perturba la vía del sentido por el sin sentido que le es propio en tanto saber no sabido y poniéndose en discurso en el análisis se rechaza el dominio del yo. Dirá Lacan que este nuevo estatuto del saber, es lo que debe traer aparejado un tipo totalmente nuevo de discurso.

Es decir, tomando el inconsciente como el lugar del Otro, si lo ubicamos como el discurso amo, como señalé antes, tenemos los S1 que lo determinan al sujeto, que vienen del campo del Otro, y que ubica al sujeto separado del a por la barrera de goce, de modo que el fantasma deviene una construcción en el análisis. Hace falta que opere el movimiento de los discursos en las operaciones del análisis, para que el sujeto entre en relación con el a. Cada giro de discurso se produce porque opera el análisis. Estando el objeto a en el lugar de la verdad, como en el discurso histérico, sostiene operando algún orden de falta en el sujeto, siendo éste el que está en el lugar del semblant. Es decir que es necesario que se ubique al sujeto en relación a alguna pregunta, recordemos que Lacan dice que el inconsciente es el lugar donde se aloja la pregunta.

En este orden discordancial propio del inconsciente, o mejor dicho, la discordancia se pone en juego entre lo que es dicho y lo que se rechaza de lo que queda dicho. Por ejemplo la contradicción, que está a la orden del día, podemos pensarla como un modo en que entra lo dicho y lo contrahecho del dicho. No en términos de lo opuesto, sino aquello que va contra lo dicho, siendo la defensa que es propia del yo la que rechaza la función que en el análisis tiene la contradicción. Algo de lo contrahecho del dicho puede ser también, digo esto pero no es posible que diga esto que digo. La contradicción en el discurso común intenta suturar lo que hay de hiancia por la división del sujeto y en tanto ésta desbarata la unicidad a la que tiende. La contradicción en el análisis releva lo dicho y aquello que rechaza lo dicho, ambos con un valor de verdad.

Entonces, sostener la apuesta de la existencia de un sujeto es lo que hace que el psicoanálisis siga.


Trabajo presentado en las XX Jornadas de la Escuela de Psicoanálisis de Tucumán “El trabajo en la Escuela” el 11 de noviembre de 2017.

Este texto está disponible en la pàgina web de la EFA.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s