Presentación en el Coloquio Internacional de Convergencia “La Rencontre” / Clelia Conde – Alicia Russ

El desafío para el psicoanálisis  es trasmitir poniendo  en práctica la alteridad, entendida como la articulación de la función del prójimo y el semejante tal como es promovida por Lacan en el seminario de La ética.

Es  hablando con otros como podemos enterarnos de nuestro decir, única manera de avance en el discurso, que no sea un mero palabrerío.  En un seminario dictado en la Escuela Freudiana de la Argentina, Anabel Salafia resalta que decir “seres hablantes”, utilizando siempre el plural, es más preciso que decir “ser hablante”, ya que la  necesidad de  discurso está siempre  articulada en relación a los otros.

Cuando se produce un encierro, es decir cuando no hay otros más que en el sentido de lo especular, el discurso en su instancia ética, se detiene, quedando sólo a nivel de la demanda. Es el aplastamiento de  la demanda lo que induce  la agresividad en el lazo y a la imposibilidad de corte, efectos de una lógica de masas que ignora la diferencia y promueve la segregación y  la ignorancia de la necesidad.

Esto, además de empobrecernos, da tiene como efecto que el lugar que podría ocupar el psicoanálisis en el lazo social sea  tomado por otras prácticas que reducen el deseo a la demanda y ofrecen bajo la forma de recetas  -medicamentosas o de consignas superyoicas-   alguna  forma  de “explicación total” del  malestar en  la cultura.

Las explicaciones totalizantes son las que convienen al neoliberalismo porque convierten a los “seres hablantes” en individuos. Mientras que por un lado estos discursos de la totalidad alimentan la fantasía anhelada por los neuróticos de que haya relación sexual, de que haya metalenguaje, por otro lado permiten que en tanto individuos aislados  los sujetos puedan  ser más y mejor manipulados.

Por esta razón consideramos  que un encuentro posible en el discurso es el cartel, especialmente conformado  por miembros de distintas instituciones, que permitan poner en juego las diferencias en cuanto a cómo abordar los problemas de la práctica, acotando las interferencias del narcisismo, a la vez que permitiendo ir más allá de los hábitos  de referencia de las distintas agrupaciones, los cuales a veces se ahogan  en un lenguaje de “capilla”, que impide trabajar en conjunto por la continuidad del psicoanálisis.

El cartel a diferencia del grupo tiene como orientación la relación a la falta soportado en el  lugar de cada uno con los otros, y el lugar del  más uno que orienta el trabajo con relación a la transmisión. Si lo entendemos como estructura nodal, es el “ a “que hace a la diferencia entre grupo y cartel. No es una jerarquización ni una superación, son dos modos de trabajo necesarios, sólo que del cartel se espera que funcione ajustado al dispositivo que en tanto transmisión,  es la orientación por  lo real.

En lo imaginario que hace a la conformación del grupo, lo real es una amenaza, lo real dispersa lo imaginario, en tanto que si lo real forma parte del lazo, es con ello que se cuenta, de modo  tal que lo imprevisto pueda leerse en el seno de la estructura, y en su funcionamiento permita discernir lo contingente.

Lacan introduce en el Seminario XI una diferencia que permite ubicar otra temporalidad que la del automatismo de repetición, la de la insistencia de la cadena significante que espera ser leída y es la tyche, el encuentro con lo real  lo que posibilita que un acontecimiento tenga lugar.

Cómo entender la práctica de discurso que el psicoanálisis es, hace al agrupamiento de las instituciones. Posiblemente es más difícil sostener ese colectivo soportado en diferencias y semejanzas, como es el caso del Movimiento Convergencia, que cuando éstas se disuelven para quedar bajo un solo nombre englobante – como la IPA en su momento, o la EOL en la actualidad. La importancia del encuentro en Convergencia es que nunca podemos dar por supuesto que estamos hablando de lo mismo, y por eso es necesario el otro y hablar: por la pervivencia del psicoanálisis, por entender que el psicoanálisis es la práctica en un discurso.

La Proposición del 9 de octubre de 1967, es desde donde pensamos y practicamos, desde hace ya muchos años, en la EFA, el lazo entre analistas con el cartel y el Pase, sin esperar resultados medibles. El cartel y el Pase existen y permiten teorizar en principio, y avanzar en las cuestiones cruciales para el psicoanálisis, no sin dificultades. Cartel y Pase interrogan los anudamientos  y ponen en juego un modo en el cual se lee lo que del lenguaje desborda el lazo social.

Lo interesante del movimiento que es Convergencia es que este dispositivo está en la misma trama, se lo practique en el seno de una escuela o bajo otras modalidades, o aún no se lo practique pero se mantenga como posibilidad en el horizonte del movimiento.

El anudamiento RSI del cartel y del Pase, permiten que se ponga en evidencia las consecuencias del axioma “ no hay relación sexual”. En nuestra experiencia, las disoluciones de algunos cárteles por no haber dejado caer  al  grupo lo cual  impide hablar uno por uno,  o  la no nominación de un pase, o el mismo hecho que se practique el Pase por algunos y sea visto con cierta distancia por otros, como si no dependiese esto sólo de pedir hacerlo, son algunas consideraciones para poner a trabajar.

Los encuentros puestos en dimensión en el Pase implican  el no hay proporción sexual, no hay relación ni encuentro entre el pasante y los pasadores, que en la EFA son dos y cuya condición es estar en análisis. Decir que no hay encuentro, implica que además del hecho concreto de reunirse, no hay encuentro en tanto el pasante y el pasador están en diferentes lugares si tomamos por ejemplo, el grafo de Subversiòn del sujeto y entendiendo que la topología da cuenta de ello. El  sujeto dividido es el pasante y el pasador, está en el lugar del síntoma. Tampoco hay encuentro en el sentido del informe final, ya que ahí se trata de “cada uno”, y en el dispositivo mismo la grupalidad está afectada por el” más uno” quien evita la coalescencia y la homogeneización.

Es decir, uno habla y el otro escucha como un transmisor, como dice Lacan un botero, que lleva aquello dicho a la otra orilla, Cartel de Pase, sin que el pasador diga lo que siente, lo que piensa, lo que interpreta. ¿Dónde se hace sujeto de la experiencia, además de su análisis?  ¿Dónde hay otro que pueda ser soporte de aquello que le sucede? Durante el Pase en curso no puede hablar con otros de la cuestión. Tenemos la experiencia de que luego de haber sucedido el informe del Cartel de Pase, la Comisión de Garantía se reúne con los pasadores, y es allí donde el pasador puede hablar con otros, de cómo lo afectó la experiencia en el sentido de su pertenencia a la Escuela, de decidirse a ser miembro, de querer tomar la palabra presentando trabajos o tomar a cargo prácticas de transmisión.

Desde la Escuela Freudiana de la Argentina creemos que el encuentro entre analistas tiene por finalidad primordial sostener el discurso del psicoanálisis como discurso, es decir como la trasmisión de una ética. Esa trasmisión es fundamentalmente la práctica de escuchar al otro, no como un gesto condescendiente en función de algún Bien sino sabiendo que esa escucha es lo que permite que las políticas de acallamiento encuentren un lugar de obstáculo y  resistencia. La política de acallar al otro, sea por quitarle poder  discriminador  a la función del significante, en favor de un real desanudado de lo simbólico y lo imaginario, sea por ceder a la comodidad de la medicalización o sea por ofrecer una falsa adaptabilidad a las circunstancias aberrantes que produce el neo-capitalismo, encuentran en el psicoanálisis y su práctica, objeción.

En un momento en que la adaptabilidad a condiciones por demás graves para la pervivencia de la subjetividad -hambre, violencia, cinismo- hacen su negocio devastando la posibilidad del lazo, el psicoanálisis es un lugar posible para “creer allí” en que el sujeto es de por sí intrínsecamente colectivo.


Presentado en el Coloquio Internacional de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, 17/07/2017, París.

Este texto está disponible en PDF en la página web de la EFA: Descargar

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