Un sujeto que cuenta: identificación, lazo social y malestar / María Gabriela Correia

Cuando la joven homosexual relata la experiencia de su “análisis” con Freud, sus entrevistas diarias a las tres de la tarde, cuenta con cierto fastidio que debe ir a lo del  profesor Freud, como ella lo llama, cinco veces a la semana, acostarse en el diván a esperar  que éste le pregunte una serie de cosas disparatadas. Ella sólo escucha su voz  cuando le hace preguntas o murmura un débil y monótono “si”, lo cual no es un dato menor.

Ella ha prometido someterse al tratamiento y así lo hace, al comienzo le cuenta todo lo que le viene a la mente, asocia, luego no sabe más que decir, no se le ocurre nada, se queda callada. Él insiste con los sueños y ella sueña, un sueño en el que promete “enderezarse”. A Freud se le escapa el término “promesa” y se dirige por la vía del engaño. Interpreta que ella intenta engañarlo como lo hace con su padre.  Lo que Freud no escucha ahí es que hay una promesa que no se cumple, una palabra rota. Ella rompe su promesa tal como hicieron con ella. El hijo prometido por su padre en el fantasma edípico no llega, lo recibe su madre. Freud rehúsa el verdadero mensaje del sueño, se orienta por la transferencia imaginaria y  de este modo la posibilidad de un análisis se rompe.

Luego del retorno de las vacaciones, habiendo notado el rechazo y el desgano por parte de la joven en relación al tratamiento le anuncia que éste será interrumpido.

Cuando alguien visita a un analista, no va de suyo que advenga analizante, esto Freud ya lo dice, aunque no con estos términos. Es necesario un trabajo para entrar en el dispositivo, un asentimiento por parte del analista y también del analizante.

Tomando la articulación propuesta para estas jornadas, podemos decir que hay una relación entre el rasgo unario y el asentimiento, ya que el rasgo unario nos señala el lugar desde donde el signo del asentimiento proviene. En este punto el asentimiento, respecto de la constitución del psiquismo, en el sentido de dar la condición de posibilidad de que un sujeto advenga, que no es sin la imagen y que crea un campo del si mismo y del otro, da la posibilidad de una alteridad. Guy Le Gauyfey  en “El lazo especular” lo define como un segundo nacimiento. El niño allí será tocado por algo diferente a la imagen especular, justamente se trata de lo que está por fuera del espejo, lo no especularizable, que lo arranca de la fascinación imaginaria a la misma  y permite crear un campo de alteridad, en tanto se reconoce como siendo “él mismo” que se ve. El “lui-même” que posibilita la alteridad por el encuentro fortuito con el otro. Encuentro fortuito pero necesario.

El asentimiento entonces es un decir “si”, un decir “si” sin vacilación, contundente, que no da lugar a ningún rechazo ni cuestionamiento. Es un encuentro que no se produce a medias, sino que se da ahí.

En el caso de alguien que se somete al dispositivo analítico es un “si” absoluto a entregarse a la regla fundamental.

Etimológicamente esta palabra accept  está formada por dos términos latinos: ad+cipere, que significa acceptare, accipere, esto es tomar lo que le es ofrecido. El asentimiento es un acto que implica admitir lo que otro ha afirmado o propuesto, es decir, algo que ocurre entre dos.

El cardenal Newman lo  define como un acto humano, una adhesión sin ninguna reserva, de carácter incondicional, pero él lo piensa en relación a una proposición.

En el análisis vamos a ver que no se trata únicamente de la aceptación de una proposición, sino que esto tiene una vuelta más.

Es indispensable el asentimiento, en principio del supuesto analizante, a tomar lo que el analista y el dispositivo ofrece: tomar la palabra, con todas las consecuencias de allí derivadas en relación al que se diga.

Bajo que forma el analista da su asentimiento? Únicamente bajo la forma de un “si” que no es un acuerdo,  tampoco es el si de la behajung como afirmación estructural sino una invitación a que la palabra transcurra, es un “si” que empuja el discurso, que lo promueve.

En el caso de la joven homosexual Freud rechaza el sueño que ella le ofrece y el tratamiento se interrumpe, aún antes de que Freud se lo comunique.

Para avanzar en lo dicho es indispensable tomar como referencia un texto tardío en la obra de Freud como lo es “Construcciones en el análisis” de 1.937.Allí Freud le responde a alguien que formula “una opinión peyorativa respecto de la técnica psicoanalítica”.

El problema que se plantea es el siguiente: si un paciente acepta como válida  una interpretación del analista, entonces el analista tiene razón, más cuando un paciente dice “no” respecto de una interpretación no es un motivo suficiente para no dar crédito a esa interpretación, es decir, allí el analista también tendría razón, de manera que el analista siempre tiene razón. Pero Freud no acepta esta crítica como válida y va a dar una explicación de cómo se llega a la aceptación de ese “si” o de ese “no”. En este texto Freud compara la labor del analista con el arqueólogo porque tiene la tarea de construir un pasado olvidado, reprimido. No se trata ya de una simple interpretación, sino que da allí un paso más. Respecto de estas construcciones el dirá que “es verdad que no aceptamos el “no” de una persona en tratamiento por su valor aparente, pero tampoco damos paso libre al “si”. No existe justificación para acusarnos de que invariablemente tendamos a retorcer sus observaciones para transformarlas en una confirmación…” “…un simple “si” de un paciente no deja de ser ambiguo…”

Para Freud el “si” como enunciado verbal carece de valor, a menos que “…el paciente inmediatamente después de su “si” produzca nuevos  recuerdos que completen y amplíen la construcción…”.Agrega además que el paciente “…no dará su asentimiento hasta que sepa la entera verdad…la única interpretación segura de su “no” es que apunta a la incompletud.

En esta misma dirección, Paul-Laurent Assoun respecto a la referencia a este texto de Freud dirá que “…Freud no le pide nada al sujeto verbal del asentimiento. Lo encuentra efectivamente en el sujeto del inconsciente, pero al margen de su propia verbalización. Se dirá aquí correctamente: pero es él, el analista, quien traduce de ese modo…”

Entonces… no se trata de la enunciación de un “si” sino de operaciones más complejas, es decir, es necesario que el asentimiento provenga del inconsciente que no es de otro modo que bajo una formación del inconsciente. Freud habla allí del surgimiento de recuerdos olvidados que completen las lagunas, también sería válido decir que luego puede producir un sueño que verifique ese “si”. El asentimiento así, proviene directamente del inconsciente, el inconsciente comanda y orienta la dirección del tratamiento a través de estos mojones que el sujeto va dejando mientras habla, de los tropiezos, de los sueños. Más no es sin el asentimiento del analista, asentimiento necesario a ofrecer un lugar allí, a suponer la existencia de un sujeto, que no es ni más ni menos un asentimiento al inconsciente, inconsciente al que Freud le dio ocasión de existir.


Presentado en las Jornadas Primavera 2012 de la Escuela Freudiana de la Argentina.
Este texto está disponible en PDF en la pàgina web de la EFA: Descargar

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