La incomodidad de la vocación / Marisa Plástina

Buenas tardes. Agradezco a la Escuela Freudiana de Mar del Plata esta posibilidad de venir hoy acá a plantear estas consideraciones.

Para comenzar les voy a leer una cita de Lacan, corresponde al “Discurso a los católicos”:

me deslizo, sobre lo que llamaré el credo de tonterías, del que no se sabe si la Psicología  contemporánea, es el modelo a la caricatura; a saber: el yo, considerado a la vez como función de síntesis y de integración; la conciencia, considerada como la perfección de la vida; la evolución considerada como el camino por el que adviene el universo de la conciencia; la noción de conducta aplicada de manera unitaria para descomponer hasta la necedad todo dramatismo de la vida humana.

No es que yo no reconozca  ninguna eficacia al fárrago de sucesiones colectivas de experimentaciones que se concretan bajo el rótulo de Psicología moderna. Hay allí formas leves de sugestión, si puede decirse así, que no dejan de tener efectos y que pueden hallar aplicaciones interesantes en el campo del conformismo, incluso de la explotación social.

Marzo de 1960 J. Lacan, “Discurso a los católicos”.

Tomo esta cita de Lacan dado que corresponde a 1960. Dos años antes se creaba la carrera de Psicología en Bs. As.,  impregnada de este positivismo. Unos años antes se había comenzado en los laboratorios a medir coeficiente intelectual, intereses entre otras cosas. Me propongo hoy hablar de orientación vocacional, práctica que ha estado desde su nacimiento ubicada, casi reducida, al campo de la Psicología.

La orientación vocacional comienza a instalarse como preocupación hace muchos siglos. Platón, “República”: estado ideal-individuos ubicados según sus aptitudes.

En  el Renacimiento nace lo que se dio en llamar orientación profesional y su fundador fue Juan Huarte de San Juan, que publica en 1574 un libro llamado: “Examen de ingenios para las ciencias”. En su libro recomienda un examen sobre aptitudes al ingreso a la universidad sin dejar librada la elección a la iniciativa del sujeto.

Un siglo después Guibelet publica “Examen del examen de los espíritus”,  dice que las diferencias entre los hombres no se deben a la herencia sino al ejercicio de su voluntad. El típico: “si ponés voluntad lo vas a lograr”

Con la Revolución Francesa, en su Declaración de derechos, se postula el “derecho a elegir libremente”.

En el  siglo XIX y con la Revolución Industrial, se produce una fuerte transformación de la organización del trabajo y con ella una sistematización exhaustiva a través de los “laboratorios y oficinas de O. profesional, de protocolos para relevar aptitudes y capacidades que intentaban responder a la pregunta que se planteaba “¿Hacia dónde voy?”. En 1909, aparece un libro “Choosing a vocation”, coherente con este momento. Los test de personalidad harán también aquí su aporte.

Hay otros puntos en la historia de esta práctica pero quiero plantear que quien en Argentina produce un giro importante es Rodolfo Bohoslavsky. Este psicólogo acuña en 1971 la expresión modalidad clínica para la orientación  vocacional que desarrolla en su libro: “Orientación vocacional: la estrategia clínica”. Se opone a lo que denominó “método actuarial”. Sostiene que tras la cientificidad de los inventarios y la rigurosidad engañosa de los datos numéricos, se esconde la omnipotencia de un orientador que le dice al joven, “lo que le conviene hacer”.

Plantea en forma clara su posición cuando dice que ningún orientador puede apropiarse de la decisión sobre la elección del que consulta. De formación kleiniana, abre el camino para introducir a la orientación vocacional en el campo del Psicoanálisis, e instala esta “modalidad clínica”. Es muy importante la posición de Bohoslavsky porque por primera vez para esta práctica pone en cuestión el tema de la ética y esto es posible porque a mi entender le abre el juego a la  función deseo de analista.

Esta posición es resistida  por los que consultan, que demandan un test dónde les digan que quieren hacer. “Vengo para que me haga el test”, “Llamo para pedir un turno para que le haga un test a mi hijo, porque no sabe qué estudiar” y por los psicólogos que se nombran orientadores, ya que en general reducen su rol al de administradores sociales de la fuerza de trabajo. Responden al mercado. Para muestra basta este comentario: “El país necesita Ingenieros, por qué no lo pensás, vos tenés un marcado interés por la matemática que aparece aquí en tus respuestas…”

Las carreras son mercancía, objeto a ofrecer. Exigencia capitalista también, que el sujeto sea un individuo.

Ese individuo debe responder en una encuesta: “Marque con una cruz: le gustaría trabajar en a) espacios abiertos, b) espacios cerrados: 1-oficina, 2-consultorio, 3-laboratorio…; prefiere leer o realizar ejercicios matemáticos… etc.”.

En su libro “La política de las cosas”, dice Jean Claude Milner que la palabra evaluación más que una palabra es una consigna. La evaluación de los evaluadores no tiene nada que ver con el concepto sino que es una práctica de aparatos y la relaciona con el control. Y agrega: “la evaluación generalizada se entromete en la vida de los sujetos para transformarla en un vasto almacén de cosas evaluables”.

¿Y la vocación?

La palabra vocación proviene del latín vocatio, que indica la acción de llamar y derivadamente el hecho de ser llamado. Las primeras apariciones de este vocablo están en la Biblia. Dios llama a los apóstoles a  cumplir con un mandato que él les encomienda. Es un don divino que implica además un cambio de nombre. Es un llamado irrefrenable al que el sujeto no puede sustraerse y por el cual se ve afectado radicalmente.

Desde el psicoanálisis, decimos llamado del Otro, del Otro en cuyo campo el sujeto se constituye. El sujeto se ve llevado a identificarse en un recorrido alienante en relación al deseo del Otro.

Es en este punto que quiero plantear lo que adelantara en el título, la “incomodidad de la vocación”, porque proviene de determinaciones que  exceden por un lado al sujeto y por otro constituyen lo más íntimo. Incomodidad, en tanto genera un movimiento que no es sin pérdida.

Momento de elección en el que se disparará  la dimensión fantasmática. ¿Qué me quiere el Otro? Momento en el que se manifiesta la más absoluta alteridad que constituye al sujeto.

Dice Lacan en el seminario de Los cuatro conceptos: “El vel de la alienación se define por una elección -cuyas propiedades dependen de que en la reunión uno de los elementos entrañe que, sea cual fuere la elección, su consecuencia sea un ni lo uno ni lo otro. La elección sólo consiste en saber si uno se propone conservar una de las partes, ya que la otra desaparece de todas formas.”( Lacan, “Los cuatro conceptos del psicoanálisis”. Clase 16).

La elección será entonces forzada. La bolsa o la vida.

Alienación desde la que el joven demanda que lo orientemos. Nos demanda un saber sobre su vocación. Lugar difícil  porque además no podemos asegurarle que después de una serie de entrevistas se vaya a ir con la elección resuelta.

Le ofertamos escucha para  que despliegue en su discurso los significantes que atan su elección a su historia y le prometemos trabajar soportando la angustia que significa no dar respuesta a su demanda. Trabajamos intentando despertar el deseo, abrirle una puerta, permitir que el sujeto se ubique con alguna distancia respecto del ideal que soporta.

Pero entonces, ¿qué es orientar? ¿Qué hacemos cuando a alguien se le ocurre que lo tenemos que orientar?

El diccionario dice de Orientar: ubicarse respecto del norte. ¿Cuál será nuestro Norte? Nuestro norte es el deseo. La única orientación posible es la del deseo.  La única posibilidad de que quien consulta encuentre  su camino, es deseando. Claro, deseando puede angustiarse. Pero ahora ya no como objeto ofrecido al Otro, ya no como deseado por el Otro, sino con la posibilidad de apropiarse de algo de su deseo.

Para terminar quiero decir que:

La demanda de orientación vocacional, viene a ubicar la problemática de la elección en el estatuto de un síntoma, síntoma que como tal podrá constituirse en el encuentro con aquel que escuche el equívoco, el lapsus, la repetición y le haga lugar, sancionando, interpretando o simplemente guardando silencio.

Muchas gracias.


Presentado en las Jornadas de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, septiembre de 2016.

Este texto está disponible en PDF en la página web de la EFA: Descargar

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