Un discurso por cuatro / Por Alicia Russ

Las posibilidades y límites del discurso del psicoanálisis, no son otras que las del discurso mismo que tiene sus propias condiciones en tanto se trata de lugares, términos y relaciones posibles. El discurso del analista al poner al saber en el lugar de la verdad, en tanto saber no sabido, lee el funcionamiento del saber en los otros discursos. Sabemos que no se trata de un saber sobre la verdad, como verdad última. Ahora bien, que la verdad sea un lugar y no un término, ¿qué consecuencias trae?

En primer lugar establece una relación de soporte al semblant que a su vez interroga a la verdad separando verdad y goce, para que surja. El discurso muestra que hay una articulación entre semblant y verdad, sean cuales fueren los términos que ocupen esos lugares, tanto como no la hay entre la verdad y el producto, barrera de goce. Entre otras consecuencias posibles.

Las distintas épocas ponen en juego el discurso amo que le conviene y desde allí hay cuestiones a considerar, en tanto es en la política, en la religión, en la ciencia, que como discurso de la ciencia no existe como tal, sino como ubica Lacan, histeria unas, universitario otras, lo que hace surgir interrogantes para el discurso del psicoanálisis, para no terminar siendo un psicoanálisis aplicado. Es el único discurso en el que el S1 es el producto, es decir, que pierde su potencia que atonta, que sugestiona, por ende que pone en evidencia que no hay relación más que la que el fantasma establece, y es posible hacer con.

En el año 1973 Lacan había sido invitado a la Asociación Catalana de Psiquiatría donde presenta “Del discurso psicoanalítico como acceso a lo real”. El día anterior le hacen una entrevista y le preguntan: “¿Es Ud. el portavoz de Freud? ¿Su escuela es freudiana?” y Lacan responde:

“Yo he partido de Freud para enfrentarme con aquellos que decían asumir el psicoanálisis en nombre de Freud y que extraían provecho con esa práctica.

Me vi obligado a decirles que su práctica psicoanalítica o era un engaño o se limitaba a fundamentarse en un juego efectista de palabras. Yo opinaba que “si con sus pacientes –antes los llamaban así– lo único que pueden intercambiar son palabras, al menos establezcan ustedes mismos las reglas”.

La función de la palabra sólo puede explicarse al definir el campo del lenguaje. Esos dos términos son el título de un discurso que pronuncié en Roma, en 1953, y del que surge mi escuela después de muchas dificultades.

Mi escuela efectivamente es freudiana, y eso no debe extrañar, ya que demostré claramente que los testimonios aportados por Freud de la existencia del inconsciente, de los sueños, de los lapsus y ocurrencias ingeniosas, sólo son interpretables sobre el texto de lo que se dice a través de la palabra del propio interesado. Este es un hecho patente en las tres obras que Freud ha escrito sobre cada uno de esos temas y que constituyen el punto de partida de su “pensamiento”.

Mi escuela debe, por tanto, entenderse freudiana en el sentido de fundada en Freud. Hoy, París, es el único lugar en el que hay analistas que, sin desdeñar las prácticas de la medicina, saben que ésta no les sirve de nada”.

En el seminario Encore, Lacan interrogando el saber en Marx y Freud ubica para este último, cuándo se puede hacer fraude. ¿Cómo pensarlo? Una cuestión es: cuando los psicoanalistas hablamos de psicoanálisis en las universidades, es una ocasión que permite deslindar cuándo se habla bajo el discurso del psicoanálisis y cuándo se quiere hacer pasar el psicoanálisis por el discurso universitario. Transvestir el discurso. Si alguien cree hablar como analista, esto arma un ser, que se sostiene de un semblant de saber, es decir desde el discurso universitario que no es otra cosa que la versión moderna del amo. Claramente el analista no habla en la sesión, es decir no es el sujeto de la experiencia. El está hecho en y con la transferencia del analizante. Es decir que para que el analista hable tiene que hacerlo, el decir “tiene” no es un imperativo moral, es un orden lógico, según su transferencia al discurso del psicoanálisis, o sea, en tanto analizante y con otros. Decir su transferencia al discurso es decir, por su relación al no saber del inconsciente. Y esto se escucha, se transmite. No es con una voluntad de hacerlo, sino un acto sin voluntad mediante. Es por ello que con eso se hace algo aun a pesar de uno. Querer tomar la palabra, aún sin saber a qué conduce. Presentar un trabajo que lleva muchas dificultades y sortearlas o no, pero saber que el que se diga causa.

El psicoanálisis en las instituciones hospitalarias, y en los cambios epocales, ¿cambia?

Y si cambia, ¿en qué? Es necesario ser precisos, teniendo como referencia siempre, el discurso y su estructura. Hay cuestiones que por ser estructurales no cambian, porque cambiaría su estructura. Por ejemplo el sujeto para el psicoanálisis, es el sujeto dividido. La negación es un operador de la estructura del sujeto. Lacan alterando la orientación de los discursos se ve llevado a plantear lo que sería un discurso pero no tanto y que es el discurso capitalista.

La incomprensión, aquello que pone a jugar el no todo del no hay relación y que por tanto incomoda, y ante lo cual el sujeto responde con su narcisismo o con su falta, es captado por otros discursos para llevarlo al terreno comunicacional, tan expandido hoy en día, en tanto en el psicoanálisis es ubicable como síntoma en su correspondencia a un valor de verdad. Digo, en tanto se haga psicoanálisis.

En la Tercera Lacan plantea que el discurso amo tiene como fin que las cosas anden para todo el mundo. ¿El costo? Te la debo. Y lo real que es lo que orienta el discurso del psicoanálisis, es lo que no anda. Un riesgo. Allí hace una advertencia, y es que el psicoanálisis depende del porvenir de lo real. Es con lo real que hace al síntoma que trabajamos, y no sin eso.

Vale recordar, que el deslizamiento hacia otros discursos es siempre posible, y de hecho se da, y que la resistencia está en juego, tanto la del analista dentro del discurso del psicoanálisis, como la resistencia al psicoanálisis en el malestar en la cultura.


Presentación realizada en las Jornadas en el Marco de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano “Encrucijadas del psicoanálisis en la polis: posibilidades y límites de nuestra práctica”, Tucumán, 22 de abril de 2017.

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